RESISTENCIA
Y PROPULSIÓN
(Una introducción simple al alma de la arquitectura e ingeniería naval) Cuando un barco se desplaza con cierta velocidad en el agua encuentra una fuerza que lo frena y resiste a la que se debe vencer con un medio interior (hélice-motor) o exterior (a vela o remolcándolo). Para que mantenga una velocidad uniforme es necesario aplicarle una fuerza o potencia que se mide en HP que definimos como Resistencia Total al Avance. Esta resistencia está originada en su mayor parte por el agua y otra parte por el aire. La del aire es más importante en los veleros, es pequeña cuando no hay viento y muy importante en caso contrario. La arquitectura o ingeniería naval subdivide la Resistencia Total al Avance en cuatro componentes fundamentales de estudio para realizar un correcto análisis de sus variables y ponderar así particularmente sus incidencias: RESISTENCIA TOTAL AL AVANCE = RESISTENCIA FRICCIONAL + RESISTENCIA POR FORMACIÓN DE OLAS + RESISTENCIA DE REMOLINO (O PRESIÓN DE ESTELA) + RESISTENCIA AL VIENTO (O AERODINÁMICA) = EHP (potencia propulsiva) Se debe entender que la potencia propulsiva necesaria para llevar el barco a una determinada velocidad de marcha continuada podrá ser proporcionada por cualquier sistema de propulsión que se utilice: motor, vela, o motor y vela conjuntamente. También puede ser entregada por un remolque exterior al barco. Cuando el proyecto se encara con una lógica secuencia de trabajos, es procedente ocuparse en optimizar cada uno de los componentes indicados en la parte del diseño que corresponda. Observamos que tres, de los cuatro componentes de la potencia que aplicamos se consumen en resistencias que se generan en el agua. La resistencia friccional se genera por el frotamiento de la superficie de la obra viva del casco con el agua. Depende de la eslora en flotación y fundamentalmente del estado de esa superficie si la misma posee menor o mayor rugosidad estando limpia, grafitada, siliconada, pulida, erosionada o sucia. El aumento de esta resistencia friccional con la velocidad es función de la misma velocidad V elevada a la 1,825, por lo que aumenta relativamente poco al crecer la misma. La resistencia por formación de olas es la debida al empuje al desplazarse en velocidad el casco sobre el agua, que produce dos trenes de olas (uno en proa y otro en popa) que permanecen en el agua una vez que el barco ha pasado y se van disipando progresivamente. Esta resistencia depende de muy diversos factores y, a diferencia de la de fricción, no puede ser calculada teóricamente con precisión, sino con ensayos de pileta o canal de experimentación. Puede afirmarse en líneas generales que a una velocidad constante del barco depende de: la eslora en flotación, el desplazamiento y la forma de la carena. Crece muy rápidamente con la velocidad, lo que hace que para cada tipo de casco se llegue a una velocidad máxima, que no puede ser superada a menos que se produzca el planeo de la carena. El planeo es la salida del agua de parte de la carena, debido a la sustentación por la fuerza hidrodinámica a que induzcan sus formas disminuyendo así el agua que desplaza (desplazamiento). Así se produce un estancamiento en el crecimiento de la resistencia por formación de olas con la velocidad, de forma que una vez superada la velocidad umbral de planeo del casco el aumento de la resistencia es pequeño, lo que permite alcanzar velocidades muy altas con poco aumento de la potencia propulsiva. La importancia relativa de la resistencia de fricción y por formación de olas depende del llamado Número de Froude, que es un número adimensional, y que se define como:
V V = velocidad en nudos del barco ÖL denominador: Raiz Cuadrada de la Eslora en flotación en pies Es un valor que puede llegar alrededor de 2 para barcos de desplazamiento. En una futura entrega explicaremos en detalle la importancia y la forma en que se miden y analizan en el diseño cada uno de estos componentes de la resistencia al avance. La arquitectura o la ingeniería naval se ocupa del dibujo de las líneas de la carena, sus apéndices y del cálculo o medición de todas las resistencias antes detalladas en los tres componentes primarios de la fórmula anterior. Pero es la parte experimental del estudio la que involucra a la mecánica de los fluidos o fluodinámica, donde el agua del río o del mar (que es obviamente un fluido con viscosidad) complica las cosas. Esta cualidad fundamental (la viscosidad) complica el estudio en la hidrodinámica naval. Ajustándonos a una definición académica decimos que: la viscosidad es la propiedad que tiene un fluido de resistir las tensiones tangenciales o tensiones de corte. Es la hidrodinámica la parte más compleja del diseño, donde es necesario poder medir, traducir los valores medidos en ecuaciones matemáticas, estimar y rediseñar líneas de agua con menor resistencia y mayor perfomance. Es allí donde estará la clave del éxito. En esa etapa primaria del proyecto del barco se aspira lógicamente a predecir la correlación existente entre las formas dibujadas y los efectos de resistencia producidos por el movimiento del barco en el fluido en que se desplaza sea agua de mar o de río. Cuando en el corrillo náutico se habla de la “última tecnología”, una simple asociación de ideas lleva a pensar casi exclusivamente en materiales sintéticos más fuertes y livianos o, en raíces de aleaciones especiales para equipos que están muy exigidos. Pero vemos que eso solamente es una parte de la ingeniería con aplicación a diseños mecánicos y de resistencia en las estructuras del casco o los equipos, mástiles velas o jarcia. Allí están los últimos adelantos en materiales utilizados como titanio, fibras de carbono, aceros aleados, kevlar, etc. Pero en fluodinámica la ultima tecnología está representada por los más completos programas de estudio y análisis sobre series de modelos de carenas similares en los canales de ensayo de carenas. Un sinfín de valores almacenados en softs muy especiales están custodiados casi como un secreto de estado. Estos valores son el verdadero tesoro de la última tecnología en la ciencia, son la niña bonita del diseño y la llave del éxito. En los veleros además – para aumentar la complejidad que involucra este tema y a diferencia de los barcos convencionales - deben estudiarse además las carenas en los canales de experimentación con diferentes escoras y en diferentes alturas de ola y así poder estimar con mayor precisión, la resistencia por formación de olas, la resistencia friccional, la resistencia de presión de estela, etc. Si a esto se le suma el hecho de que los “apéndices” en los yates de vela como propiamente se llama a las quillas de lastre, timones orzas, skeg, ejes y hélices de los modelos en escala que se prueban en los canales hidrodinámicos de experimentación, y por ser mayor su importancia relativa en la resistencia total al avance, deben necesariamente mantener lo que se denomina “semejanza dinámica”. Esto es que se los debe construir en una escala diferente al de la escala del mismo casco en el que están incorporados. Esta escala sale de un cálculo complejo y hace a esos apéndices proporcionalmente más grandes que el tamaño que les correspondería si se utilizara la escala de reducción del mismo modelo del casco. Así se procede para que pueda medirse con mas exactitud la resistencia total producida por el modelo y estimar entonces matemáticamente con mas precisión la resistencia total al avance del barco real antes de construirlo. Este trabajo de experimentación en tanque de pruebas es lento y se hace por además costoso con la construcción de los modelos. No siempre en el diseño de embarcaciones menores se puede soportar el costo de estos estudios en canales hidrodinámicos de ensayo Pero también disponemos de varios métodos analíticos de cálculo aproximado de la resistencia al avance, que se basan en fórmulas mas o menos complejas y en gráficos bien probados donde intervienen principalmente las relaciones manga/calado, los coeficientes de afinamiento que caracterizan a la carena como son el coeficiente de bloque, el coeficiente prismático, de sección maestra y obviamente la eslora en flotación, el desplazamiento, la superficie mojada de la obra viva, etc.. Utilizamos además ecuaciones para calcular la resistencia friccional y predecir la que va a poseer el barco real. Como una referencia solamente puede citarse el Método de AYRE y el método de gráficos de Taylor para el cálculo de la Potencia Efectiva o, la fórmula de Williams Froude para el cálculo de la Resistencia Friccional, o la ley de Reynolds que gobierna la resistencia de viscosidad. Todos estos métodos están integrados en el software de los programas de cálculo para arquitectura naval que actualmente están disponibles en el mercado. Para ajustarse en exactitud y predicción de la perfomance en velocidad que se puede esperar es, en este rubro, en el que se hace el gran gasto para los diseños de las supermáquinas de competición. La construcción de prototipos o barcos “modelos” más grandes o directamente en escala 1:1 que solo utilizados para pruebas, sirven fundamentalmente para poner múltiples sensores de velocidad, presión o indicadores de flujo laminar o de turbulencias y así poder medir o cuantificar las ventajas de las modificaciones y correcciones que se les vaya introduciendo a la carena diseñada. Estos softs forman parte del “tesoro” guardado con siete llaves para un equipo de diseño que se precie de tal. Era por ejemplo el “enigmático” quillote alar de los australianos que dio tanto que hablar en su tiempo y que estaba siempre cubierto cuando el casco se sacaba a tierra el que había salido de estudios sistemáticos hidrodinámicos muy complejo de tal apéndice sustentador. Los computadores u ordenadores son hoy el gran almacén de datos para interactuar formas y predecir resultados, donde los técnicos especialistas en fluodinámica hidrodinámica y aerodinámica incorporan largos estudios y son los interpretes de un idioma considerado casi para iniciados. A partir de esos datos almacenados y afinando el lápiz entre una u otra variación de las carenas, los timones, los distintos quillotes (alados, con bulbo o simples), las formas anguladas de salidas de popa, los “bustles” o engordamientos de formas a popa (que disminuye el tren de olas secundarios de popa) y otros tópicos involucrados, se podrá ir afinando una gran creación. Pero casi siempre la gran creación nace en un cerebro adiestrado en generar formas bellas e hidrodinámicamente casi perfectas, con la menor resistencia en todas las condiciones de navegación y además con gran belleza y estética en la obra muerta. Esta facultad es el sino de inspiración de los arquitectos navales que haciendo escuela perduraron en el tiempo con sus creaciones. Es el que tenía Miguel Angel con sus divinas proporciones, como lo fueran Francis y Nathanael Herreshoff , Philip L. Rhodes, Thomas C. Gillmer, John G. Alden, William Atkin, Gordon Munro, William Nutting, como el que poseía Manuel Campos o Germán Frers (padre e hijo). Allí esta el inicio de la obra que va del cerebro al lápiz... el soft y el hard. Se conjuga fundamentalmente sobre un caudal de experiencia sistemáticamente acumulada en la trilogía: Diseñar-Construir-Navegar, repitiendo este ciclo tantas veces se pueda. Los ordenadores hoy posibilitan llevar estos análisis a su máxima optimización aunque para hacerlo hayan de disponerse interface muchos recursos económicos. Programas como el “Autoship” con el que nos auxiliamos actualmente en Blue Water Boats, el “Nautilus” o el tradicional “AutoCad” son las herramientas más modernas del diseño. Antes era, como lo es todavía finalmente hoy, la aplicación del muy viejo método de “la prueba y el error” Un barco y otro después.... y la eterna pregunta del diseñador: ¿como mejorarlo? Esa síntesis que se revela a través de una prolija experiencia, era antes, sin la posibilidad de realizar costosos ensayos en canales de experimentación, plasmado por medio de series de modelitos similares a escala (a veces realizados por el mismo diseñador) que se remolcaban cualquier día de calma en el río o el mar, lejos de las turbulencias en el agua que deja la popa (ver Gráfico Nº 1). Como se podrá apreciar no había una lógica exacta ni en el tamaño de las olas en las que navegaban esos modelos, ni en la exactitud que realmente nos exigen los distintos ángulos de escora en los que navega después el velero real. Simplemente en esa balancita hidrodinámica que se formaba entre dos modelos remolcados en forma simultanea, se actuaba por eliminaciones sucesivas. El modelo del barco diseñado que poseía menor resistencia total lo indicaba simplemente avanzando al ser remolcado y quedaba para confrontar por descarte y eliminación en la próxima corrida simultanea contra otro modelo que fuera construido con ligeras variaciones. Salvando las distancias de tecnología, los tiempos, la escala e interacción de los tripulantes abordo era casi igual que las eliminatorias que por este tiempo vimos para hallar al “retador” de la Copa América. En el canal de experimentación hidrodinámica el remolque se realiza a través de un carro externo que corre sobre la misma pileta y desde donde está fijado el modelo (ver Gráfico Nº 2 ) Cuenta la historia que los modelos a escala de los dibujos de carenas realizados por L. Francis Herreshoff “corrían” por los afinados sensores de los dedos de su hermano anciano casi ciego, el Capitán Nathanael G. Herreshoff, que era quién indicaba una y otra vez donde debían afinarse o engordarse las líneas. No hará falta explicarles porqué se lo recuerda como “el mago de Bristol”. Antiguamente las escuelas de arquitectura de diseño para los grandes barcos que se disputaban la preeminenciaeran la alemana, la inglesa y la italiana (todos europeas) por una parte y, la americana por la otra. Veamos conceptualmente cuales eran sus diferencias: Los arquitectos navales europeos eran los puristas de la menor resistencia y las más afinadas formas. La propulsión y potencia de los motores a vapor o los aparejos de vela se diseñaban especialmente para obtener la mejor perfomance en velocidad con la menor potencia y consumo de combustible (carbón o mas tarde petróleo). Así, para un buen barco mercante o de guerra la cuestión era, conjugar la mejor velocidad con la mayor autonomía. Estos eran los barcos que podían ir más rápido, mas lejos. Conseguidos los primeros archivos sistematizados sobre formas de cascos ligados a través de coeficientes de fineza (esto son escuetamente carenas mas gordas o mas afinadas, entradas mas agudas o proas mas romas, etc.) el almirantazgo inglés trató de ligar entre sí de una forma algo simplista las variables mas importantes del problema: el desplazamiento del barco, la velocidad y la potencia necesaria de su máquina. Esta fórmula llamada del Almirantazgo establece que: C= (D2/3 x V3 ) / Pmaq C: Coeficiente del Almirantazgo que es aproximadamente el mismo para carenas similares a velocidades no muy diferentes D: Desplazamiento en toneladas elevado a la 2/3 V: Velocidad en nudos elevada al cubo Pmaq: Potencia efectiva de la máquina en CV (se refería a máquinas o motores de vapor) El resultado de estos estudios sistemáticos fue el obtener cascos hidrodinámicamente mas estilizados pero mas costosos por lo complicado y lento de construirlos, donde se diseñaban curvas y contra curvas, pantoques y timones perfilados o, proas con bulbos prolijamente estudiados. Estos puntos nos describirían solo una síntesis escueta de los avances que se lograron con la ciencia hidrodinámica el siglo pasado. Como el agua sigue siendo la misma, las leyes que la gobierna permanecieron casi inmutables y todavía siguen siendo aplicadas. Se me cruza ahora el nombre del ingeniero naval Juan Baader digno hijo de aquella escuela alemana de arquitectura naval. Todavía hoy se le debería sacar el sombrero (en señal de respeto) por la perfección de las líneas que dibujaba. Lo vemos cuando nos cruzamos navegando con alguno de sus bellos cruceros que, bien podrían llamarse “ecológicos” pues, dejan planchada su estela a popa. No hay ningún árbol caído en las riberas del Delta que haya sido torturado con el golpetear de las olas que generan sus magníficas líneas de agua. La escuela americana procedió en cambio con la practicidad que siempre los caracterizó. Estandarizó antes de la guerra la construcción masiva de motores diesel aplicados en la propulsión naval con una escala progresiva de potencias. Resultado: cascos rápidos de construir con gran volumen interior y capacidad de transporte, normalmente sobre potenciados, con máquinas reemplazables y reparables muy fácilmente. Luego cuando llegó la guerra, el número de barcos construidos impuso la ventaja a la hora de decidir y nadie fue a preguntar: ¿cuanto era el consumo? o ¿ que tamaño de ola levantaba a su paso un crucero o una lancha torpedera rápida?. Las siglas B.D.T., B.D.M. y L.S.M. describían tipos de barcos con una hidrodinámica de líneas al estilo de las “caja de zapatos” que servían solo para “ir” a la guerra a desembarcar equipos, tanques y soldados en cualquier playa (nunca eran pensados para volver). ¿Cual era la potencia instalada y la velocidad necesaria? Pues, la que se disponía era la de los motores seriados construidos masivamente y en muchos casos hasta multiplicando su número en la instalación de cada barco por medio de cajas de acople especiales para poder satisfacer la potencia total requerida. Esta política de diseño de “pon arriba todo lo que necesites que yo lo propulso” quedó grabada a fuego en las famosas marcas de los fabricantes de cruceros americanos y es la que hace hoy al mayor “placer” de los residentes del Delta con sus émulos locales, cuando las importantes olas del tren secundario de popa acompañan a esos barcos como un estigma – en una elocuente demostración de potencia – y golpean con señorial frescura los veriles de los canales, arrasando con cuantos álamos, muelles, canoas isleñas y terrones de albardones encuentren, ayudando sin saber a enanchar los cursos de los arroyos o hacer su aporte a la masa aluvional de limo y barro al river plate (río playo) mal llamado Río de la Plata. Así siguió la historia en América también con los automóviles que, hoy los lleva a replantearse como tema del día, la validez del alto consumo y potencia de los vehículos que están en ese mercado a pesar que los combustibles les cuesta tres veces menos que a nosotros. Es casi seguro e irónicamente por eso que la Copa América, que es la más apreciada muestra de la arquitectura naval y el perfeccionismo de líneas (para permitir potenciarse y navegar mas eficientemente con los elementos esenciales de la naturaleza, agua y aire), salió hace años de América para ir a jugarse entre manos europeas. Vamos ... no me van a discutir ahora que los neocelandeses
o los australianos no son
casi... casi ingleses ( y por lo tanto europeos). Para los italianos un mérito
total a pesar del resultado final. Como un dato importante para
sustentar lo precedentemente explicado podemos citar a algunos de los
especialistas que secundaron al team Prada en estos aspectos: Programas del
CEI Computational Engineering International, ICEM-CFD Engineering (generación
de Software), PTC (engineering en diseño y análisis de software), Engineous
Software Inc. ( Engineering
Software Automation Optimization), Istituto Nazionale per Studi ed Esperienze
di Architettura Navale Tank Testing, etc.
Y si pasaran muchos años mas y la copa no regresara a América, llegará tal vez el día, en que por los logros de sus arquitectos navales, el mayor premio en disputa pueda llamarse Copa Europa o Copa Oceanía. En una próxima entrega trataremos de profundizar un poco mas sobre la hidrodinámica de los cascos y nos extenderemos en una explicación más puntual sobre el cálculo de los componentes que integran la Resistencia al Avance.
Ing. Naval Roberto R. Alonso
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