BOMBONES MALVINENSES VI

por Roberto y Martín Alonso

       

“Debemos amar a nuestro país aunque nos trate injustamente”

                                                                                              Voltaire

                                                                      

EL MISTICO ESTÁ EN MALVINAS

TRAS LAS HUELLAS DE DARWIN

                                                                       (Continuación de Bombones 6)

                       

                        Es posible que Darwin cabalgara desde Goose Green  a Bodie Creek, a unos cinco kilómetros al sur, antes de volverse atrás. Soren mi eventual compañero de viaje decidió visitar una colonia de pingüinos Gentoo, en tanto que yo seguí la ruta de Darwin hasta mas allá de Goose Green .

            Goose Green (la tristemente célebre Pradera del Ganso) es un asentamiento marcado todavía por el recuerdo de la guerra. Junto al campo de golf había (Toby hizo su viaje en 1996) un campo de minas    y una barraca con las siglas POW (correspondiente en inglés a “prisionero de guerra”) pintadas con pintura blanca difuminada, como los recuerdos, por la luz del sol. El césped de las zonas verdes del pueblo estaba segado y en torno al malecón había varias casas de piedra blanca. Quería comprar comida, pero lo único que encontré fue un quiosco cerrado con una señal de “Prohibido Fumar”.

            Llamé  a la puerta de  las casas para que me indicaran la hora de apertura de la tienda.

            - Entra –me dijo la primera persona que encontré- ¿Quieres un bocadillo de tomate?

            Había recogido los tomates esa mañana en el invernadero. Desayuné con John y Lizzie, que vivían desde siempre en las Malvinas.

- La granja en que me criaron se está cayendo a trozos – me dijo Lizzie -. Antes solían trabajar unas treinta personas ; ahora solo siete.

- En toda Lafonia sólo quedan las granjas de Walter Creek y North Arm. Veintisiete personas  -apuntó John.

- Antes en la zona había muchas casas, pero ahora están todas en ruinas –dijo ella.

- Toma otro bocadillo de tomate.

Caminé hasta Bodie Creek y crucé el puente. Se trata del puente colgante mas meridional del mundo, pero estaba tan oxidad que resultaba imposible repararlo, y John iba a cerrarlo definitivamente esa tarde. Crucé el puente hasta la vasta península de Lafonia, en el extremo sur de la isla Soledad,  de cien kilómetros de longitud y cuarenta de ancho, habitada por 27 personas, Anduve durante dos horas y solo ví ovejas y ocas . Pasé junto a dos charcas, una botella de cerveza tirada en la hierba y el esqueleto de un caballo tiñéndose del verde de la hierba bajo los efectos del viento y el sol. Las tripas del animal se habían secado y transformado en un pellejo fino que le cubría las costillas y en el cual crecía una mata de bayas, una carcajada de la vida ante la muerte tan perdida en la inmensidad como lo estaba yo. Desde el punto en el que estaba el esqueleto no podía distinguir casa, camino o animal alguno. Detrás de la tierra que ascendía en el horizonte , donde la tierra besaba el cielo, las montañas de Gran Malvina se elevaban  remotas y medio ocultas por las nubes que se arremolinaban en el centro. Mas allá de las montañas, magníficas e imponentes , el cielo trazaba una curva hacia confines desconocidos.

            De nuevo en el puente encontré a John, que regresaba a casa para comer. Se ofreció llevarme en coche hasta Goose Green .

            - El sol cae con fuerza hoy –dije, pues la mayoría de las personas  del sur tienen comentarios interesantes que hacer sobre el tiempo.

             - Hoy y siempre –contestó.

 -  ¿Te has quemado alguna vez? –pregunté.

-   ¿Qué si me he quemado? Pues, claro. Lo del maldito agujero en la capa de ozono es terrible.

-   ¿Lo notáis?

-   ¡Por supuesto! El tiempo es impredecible. Puede hacer mucho calo un mes y quemarte como un pimiento, y al siguiente no para de llover y te arruina el huerto. Ahora la hierba está seca como astillas para encender el fuego.

- ¿Está mas seca que antes?

- Sí, sí .Ahora la tierra ya no es húmeda como años atrás . A veces era imposible cruzar la zona que has atravesado  de camino a Port Louis de lo cenagosa que estaba.¡ Era terrible! Y, ahora , la tierra está mas dura  que la carretera por la que vamos.

Seguimos avanzando. Por todas partes se veían prados y ovejas , hasta el punto que me recordó las islas Orcadas y Shetland del norte, pero estábamos muy lejos de casa.

 - ¿ Ves eso? – me dijo señalando un trozo de tela semienterrado por el polvo- Es un saco  de dormir argentino. Pobres diablos.

  - ¿Estabas en Goose Green durante la guerra?

  - Estábamos todos en la sala comunal del pueblo , encerrados con ellos. Pero eran buenos chicos, no violaron ni hicieron daño a nadie. Con la cantidad de hombres que había podríamos haber visto a nuestras mujeres violadas setenta y setenta veces al día . Ciento nueve personas se encontraban en la sala comunal y a ninguna le sucedió nada. Solo murieron civiles a manos de los británicos.- Guardó silencio por un rato y añadió-: Cuando los ingleses ganaron la batalla, algunos querían matar a los pobres chiquillos , pero les dije: “ Escuchad, ellos nos han tratado bien, así que ahora vosotros tenéis que tratarlos bien”. Pobrecillos , solo tenían diecisiete o dieciocho años y no sabían lo que hacían.(..? ).

            Llegamos a Goose Green . John entró en la casa y yo me quedé conversando un rato con Lizzie, que estaba regando las plantas.

  - ¿Has estado en Argentina? –me preguntó.

  - Sí, contesté

  - ¿Te ha gustado?

  -

  - A nosotros también. Estuvimos en 1978, antes de que ocurriera toda esta tontería. Son buena gente.

  - Muy generosos –dije.

  - Sí. Es ridículo, ¿verdad?. Apenas se encuentran a quinientos kilómetros  de distancia y no nos hablamos. Cuando cayó el muro de Berlín, los dos dijimos: “ Ahora , tenemos que ser todos amigos”. ¿Cuánto tiempo creen que va  a durar esto?. Es innecesario.-Lizzie hablaba con vehemencia-. Las autoridades  de la isla sencillamente dicen que no a todo, dan por sentado que no queremos tener nada que ver con ellos. ¿Qué pasa con los padres que quieren visitar las tumbas de sus hijos?.¿ Quién puede culparlos?. Para empezar , jamás tendría que haber habido una guerra, fue culpa de nuestro gobierno por no prestar suficiente atención.

Pensé en la mujer que había conocido cerca de Punta Arenas.*

  - A veces llevo a mi  nieta al cementerio argentino-prosiguió Lizzie- Al atardecer es muy bonito y tranquilo. Una vez la chiquilla me preguntó: “Abuela, ¿por qué  las personas hacen cosas tan terribles?”.

 

Al leer los informes de algunos reclutas argentinos, no podía evitar sentirme furioso ante semejante baño de sangre ciento cincuenta años mas tarde de que Darwin visitara las islas en 1833 días después que los británicos se apropiaran de ellas. Los soldados argentinos se morían de hambre  mientras sus oficiales comían carne y bebían vino. Existen muchas historias sobre los oficiales que robaban las raciones de los soldados, de reclutas que no tenían nada que comer o beber aparte de mate hervido por tercera vez, que estaban equipados con impermeables inútiles  y que tenían que dormir en charcos durante el gélido invierno malvinense . Después, tras su capitulación y rendición ante los ingleses , los soldados descubrieron unos cuarenta graneros atestados  de la comida  y el equipamiento que tan desesperadamente habían necesitado  durante los tres meses anteriores. Algunos de los graneros estaban tan llenos de provisiones que ni siquiera se podía entrar. Es difícil  comprender la futilidad de este truculento episodio.

 

                        Desde Darwin , Soren y yo nos dirigimos al monte Pleasant.  El avión que nos llevaría a Punta Arenas saldría al día siguiente  y nos habían autorizado a pasar la noche en la base militar , justo al lado del campo de aviación.

            Los 2300 habitantes de las islas están ahora protegidos por algo mas que tres mil soldados  en uno de los últimos bastiones del Imperio británico. Si se tiene en cuenta que gran parte de la riqueza de Gran Bretaña se funda en sus colonias, parece irónico que conservar  uno de los pocos dominios que le quedan en el extranjero le cueste una fortuna. La base militar me produjo mayor impresión todavía que Stanley. Jamás había estado en un servicio de cantinas y aprovisionamiento de las fuerzas armadas ni había bebido con los gurkas, ni leído avisos sobre lo que podía ocurrir si se intentaba pagar en las Malvinas con monedas de las islas Ascensión, santa Helena y Tristán da Cunha. Jamás había pensado que la casa de la moneda podía fabricar sendas  divisas para tres de las islas más aisladas y despobladas del mundo.

                        Nada de eso era posible en un lugar que no fuera mi país. Ésos eran algunos de los aspectos mas extraños de Gran Bretaña que hubiera encontrado en cualquier parte del mundo. Esperaba , quizá, sentir añoranza de mi hogar, tal como me había ocurrido, bien que en una sola ocasión, después de estar fuera de Gran Bretaña durante tanto tiempo, pero lo que hallé en las Malvinas era tan extraño que apenas me hizo recordar mi hogar. Me encontraba tan lejos de Gran Bretaña que abandonar  las Malvinas y regresar a América del Sur me parecía mas natural que la vida oblicuamente británica que se vivía en esas islas lejanas.    

 

                                                                                  Toby Green

 

·        Se refiere Toby Green a la información (que narra en un capítulo anterior de su libro) recibida de parte de una mujer chilena que trabajaba en Punta Arenas en época de la guerra (1982), para el gobierno de Pinochet; donde le da cuenta que cinco semanas antes del inicio de la guerra recibieron allí a dos hombres ( “americanos o británicos-no lo se,  acotaba en su narración), que muy nerviosos traían bajo la lona del camión en el que andaban, equipos electrónicos, incluidas antenas de radio y parabólicas.

Y que cuando preguntó al militar chileno que los acompañaba, qué ocurría. Le respondió que no lo sabía exactamente, pero que había oído que los argentinos iban a invadir las Malvinas.

 

 

                 FIN    

 

           

            NOTA FINAL

           

Ni un punto ni una coma hemos modificado del original  de este relato publicado por  Toby Green.  Esperamos que la visión de este  joven viajero británico licenciado en filosofía en la Universidad de Cambridge,  pueda servir para  ampliar objetivamente  la óptica que muchos argentinos tienen sobre Malvinas y sus habitantes.

Parafraseando a Polibio agregamos: Tiene sin duda mucho mérito vencer en el campo de batalla; pero se necesita más sabiduría y más destreza para hacer uso de  la victoria

 Personalmente no dudamos que a medida que pase el tiempo, viajes como el del Místico hoy, se multiplicarán naturalmente y harán realidad un intercambio mas fluido de sus pobladores con nuestro país para que en un futuro tiempo de reflexión, tal vez...

            Dejamos ahora entonces nosotros de fabricar estos bombones para la ronda malvinense y nuestro espacio, aguardando ansiosos los  que nos van a agregar sin duda en esta caja de dulces recuerdos  Jorge Bertolino y Marcelo Gonzalez.

                                                                      

                                                                                  Roberto  y  Martín Alonso

 

 

 

                                                                                             

“Es hermoso servir a la patria con hechos, y no es absurdo servirla con palabras”           

Salustio

           

 

Contáctenos

Artículos  |  Principal