BOMBONES MALVINENSES VI

por Roberto y Martín Alonso

          

El “ Místico” llegó a Malvinas y en él viajaban también  nuestros sentimientos. ¡Bravo muchachos!.

 Parafraseando a  Hans-Georg Gadamer: Lo esencial de la experiencia es que no puede agotarse con lo que puede decirse de ésta ni con lo que puede captarse de su significado.

 

“Resulta del todo imposible describir la amabilidad con la que se recibe a los viajeros en casi toda América del Sur.”

                                                                                  Charles Darwin  (año1833)

 

SEGUIMOS CAMINANDO POR LA ISLA CON TOBY...*

 

                                                                                  (Continuación de Bombones 4 )

 

          Mientras descendíamos por la carretera que une monte Pleasant y Darwin, dejé  a Soren varios metros atrás . Miré por encima del hombro para ver si tenía sentido esperar , pero parecía tan abatido y amargado (nos dirigíamos hacia un vendaval) que dejé que siguiera su ritmo. Poco después me estaba saludando con la mano y sonriendo alegremente desde un jeep que lo había recogido.

Mi intención era andar hasta el final, pero allí estaba esperándome mi amigo, que con una sonrisa me tildó de loco si continuaba a pié, de modo que hice trampa los últimos quince kilómetros .

Al llegar al Darwin  nos presentamos ante el administrador de la granja.

- Hola -dije- creo que Kay lo ha llamado desde  Stanley  para comentarle mi visita. Estoy siguiendo la ruta que hiciera Darwin.

- ¡ Ja! –soltó –No estabas caminando demasiado hace un rato.

- No , he hecho trampa en el último tramo.

Mi respuesta lo aplacó un poco (al menos no pensaría que yo era un vagabundo mentiroso) y nos permitió acampar en el valle contiguo.

- Donde estuvo Darwin- dijo-.Podéis sacar agua de los pozos y, si están secos , encontrareis mucho agua junto al molino.

Montamos las tiendas en el valle y fuimos a echar un vistazo a los pozos. El primero estaba seco   y el segundo cubierto por una película de algas verdes de varios centímetros de espesor. Decidimos acercarnos al molino, pero allí solo encontramos un depósito de cemento cubierto por una lámina oxidada de cinc bajo  la cual se extendía otra capa de vibrante vida orgánica.

Pensando que debía de haber algún grifo por alguna parte, interrumpí nuevamente al hombre mientras regaba el jardín.

- Disculpe, ¿dónde me había dicho que podía encontrar agua?.

- ¡En el molino!- repuso como si hablara con un niño-  Si entras verás un depósito de hormigón con suficiente agua para ahogarte dentro.

Mas tarde observé al hombre alejarse de la granja y detener el coche al descubrir un grupo de ocas en la ladera de la colina que se alzaba junto a la carretera. Sacó el rifle y fue matando las aves una  a una con tranquilidad pasmosa . Las ocas no se inmutaron, y esperaron su turno para morir; ninguna salió volando. Debían estar aterrorizadas o sencillamente no eran conscientes del peligro. Era una imagen escalofriante verlas morir con un aleteo.

- No puedo creer que tantas personas murieran para que este hombre pudiera matar ocas – dije a Soren.

- Y negarnos el agua...-señaló Soren.

                             

Soren decidió andar hasta Goose Green por su cuenta mientras yo cruzaba los páramos hasta el campo de batalla de  Goose Green, que se encontraba a corta distancia de nuestro campamento. El campo estaba vacío, rodeado de tojos que el viento sacudía como si fueran hojas en otoño. Caía la tarde y a cada lado del istmo el agua del mar brillaba confiriendo una nota de alegría  al sombrío paisaje. Mientras caminaba recordé que ésa era zona minada y, aunque los campos de minas de las Malvinas estaban delimitados por cercas , periódicamente se descubre alguna perdida. Mientras pensaba en ello topé con un muelle oxidado pegado a un trozo de plástico de aspecto siniestro. Será mejor que tenga cuidado con las minas, pensé,  y acto seguido apareció ante mí un pequeño trozo cuadrado de plástico negro que sobresalía de la hierba  y en el centro del cual había algo que parecía un botón.

Mis pies, guiados por su propio instinto de supervivencia, desanduvieron rápidamente el camino. Había visitado la exposición militar de  minas en Stanley y ese resto de la batalla se asemejaba lo bastante a las que vi para que me invadiera el pánico.

Fui a hablar con el propietario de la granja, pues pensé que le interesaría  conocer la existencia de una mina sin señalar en sus tierras.

- Acabo de encontrar una mina – anuncié.

- ¡ No me diga !

Se la describí.

- Vamos a echar un vistazo – dijo

Subimos al prado con el jeep y cuando descubrió que no había nada marcado en la zona masculló.

- ¡Hay que ser tonto!

Tenía razón, pero no estaba yo acostumbrado a cruzarme con minas durante un paseo a media tarde.

Condujimos por el prado durante cinco minutos. El granjero se mostraba cada vez mas impaciente. Miré desesperadamente alrededor, pero todo cuanto vi fue hierba. Estaba claro que al hombre le hervía la sangre  ante la idiotez del maldito visitante , y pronto empecé  a preocuparme mas por él  que por la mina. Finalmente encontré un trozo de metal retorcido con aspecto de haber estado alguna vez en un campo de batalla.

- ¡Oh! –exclamó -, ¿es eso?.

- Sí – mentí.

- Eso no es más que una bomba de dispersión –dijo con desprecio, y regresamos a la granja.

Debería haber continuado con la búsqueda  pero estaba oscureciendo y su impaciencia irascible  me estaba poniendo nervioso. De todos modos, no valía la pena continuar luchando por Goose Green.

 

      

                                                                         (CONTINUARÁ)

 

 “Que ser valiente...no cueste tan caro;

que ser cobarde ...no valga la pena”

                                              

                                                                           Joaquín Sabina

 

* Extracto de libro de Toby Green “Tras las huellas de Darwin” Un viaje a caballo de Tierra del Fuego a las islas  Galápagos periplo  financiado por Heineken Export.

           

 

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