BOMBONES MALVINENSES III

por Roberto y Martín Alonso

           La singularidad que tiene la historia es que inexorablemente  se repite. Poder leerla con perspectiva adulta y revisionismo independiente ayuda a moderar los pensamientos y encausar los espíritus. Lo peor que puede dañar al crecimiento de cualquier sociedad es hacerla  permanecer en las cavernas del oscurantismos. El Místico nos corre hoy el telón de la indiferencia para darle escena e imagen vívida a ese rincón de nuestra patria. No podemos menos que arrimar una ínfima parte de la coreografía documental existente para acompañarlos en las guardias y reafirmar su valiente gesta.

 

UNA GUERRA POCO CONOCIDA

 

Bougainville  es una figura de singular relieve; militar , marino, hombre de ciencia , miembro de la Sociedad Real de Londres y del Instituto, autor de un Tratado de Cálculo Integral y defensor de la libertad de América.

 

            Yo me complazco en tributar mi homenaje al noble marino, hijo y símbolo de Francia, como Groussac, el defensor de nuestros derechos; de Francia cuya fuerza expansiva, su anhelo de ascensión , de desinterés y delicadeza mental, nos recuerda a Atenas. Tiene de común con ella un fondo de idealismo, de juventud , de entusiasmo y de universalidad. Si los dioses antiguos presidieran la vida y se dividieran la tierra, no antojadizamente, como lo expresa Platón , sino por la concordancia entre la fuerza espiritual que representan y la misión de los pueblos, Minerva que protegió Atenas, elegiría a París, porque allí reside la libertad del espíritu y resuena la voz de la verdad, de la belleza, de la tolerancia. Francia, la dulce Francia, ha identificado su alma con el alma del mundo. Conquistadora y libertadora como Grecia, por el pensamiento y por el arte, quiso extender su obra con serenidad. Creyó que los hombres podrían llegar insensiblemente hasta la fraternidad “ como la tierra que nos sustenta se eleva por silenciosa gradación”.

                                               Sen. Nac. Alfredo Palacios

 21 de septiembre de 1934 en ocasión de convertir en ley la publicación, distribución  y difusión oficial de la obra de Paul Groussac “Les Iles Maoluines” hasta entonces inédita en español

 

 

            Bougainville, en sus dos buques L´Aigle y Le Sphinx llevó hombres, mujeres, ganado y todos los elementos para el establecimiento de la colonia. Fondeó el 2 de febrero de 1764 en la Bahía Francesa, nombre que los ingleses al año siguiente , ignorando el establecimiento  francés, desbautizaron , poniéndole el nombre de Berkeley  Sound.

            Se estableció el campamento en el fondo de la bahía y se construyó la fortaleza de San Luis. Bougainville formó la colonia dejándola al mando de Nerville, después de tomar posesión del lugar en nombre del rey de Francia; partió enseguida para Saint Malo y  se reembarcó  luego con destino a las Malvinas, trayendo nuevos elementos, en 1765. En su libro  titulado “Voyage au tour du monde par la fragate du Roi  l´Boudeusse et la Flute l´Etoile”, París 1771, aparecen todos los detalles de la expedición del joven marino francés.

            Ahí relata que al ir al estrecho de Magallanes en busca de leña, encontró los buques del comodoro Byron, quién  después de reconocer las Malvinas cruzaba el estrecho para entrar en el mar del Sur. Hacía ya un año que Bougainville había fundado su colonia. El gobierno inglés, que no había olvidado los consejos de Anson, subrepticiamente envió la expedición al mando del comodoro John Byron, abuelo de lord Byron, el poeta inmortal. Desembarcó sobre la costa oriental de la isla Saunders y sembró allí algunas legumbres. El 23 de enero de 1765 tomó posesión de Puerto Egmont y de todas las islas vecinas, en nombre de Jorge III, rey de Inglaterra. Hacía entonces ya  un año , dice Groussac, que igual ceremonia se había producido en l a isla principal en el fuerte San Luis, y no por intrusos que lo hacían al pasar, sino por verdaderos colonos que se proponían trabajar aquel suelo ingrato y echar raíces en él.

            En 1766 recién, Macbride, al mando del barco Jasón  funda el primer establecimiento inglés en Puerto Egmont, reconocido antes por Bougainville, que le llamó puerto de la Cruzada, en el mismo sitio de la isla Saunders bautizada por él.

 

Francia reconoce el derecho de España

 

            No es válido, pues , el título que pretende tener Inglaterra de primer ocupante. Cuando España tuvo noticias del establecimiento de la colonia fundada por Bougainville, entabló el reclamo correspondiente por pertenecerle las islas.

            “ En febrero de 1764, dice el marino francés, había empezado la Francia un establecimiento en Malvinas. España reclamó las islas, como una dependencia del continente de la América meridional. El rey (de Francia) reconoció sus derechos y extendió orden de ir a entregar a los españoles nuestro establecimiento”. “ EL 1º de abril de 1767 yo entregué el establecimiento a los españoles, quienes tomaron posesión izando el pabellón de España, que fue saludado con 21 cañonazos al salir y al ponerse el sol, por la fortaleza y los navíos. Recibió las Malvinas don Felipe Ruiz Puente, nombrado gobernador, quién comunicó al gobernador de Buenos Aires, Don Francisco Bucarelli, de quien dependía, que se habían llenado las formalidades de la entrega. España respetó sin embargo, la posesión y el título de primer ocupante que tenían los franceses y negoció la entrega mediante el pago de una  suma, por la cual firmó recibo Bougainville  el 4 de octubre de 1766.  “He recibido, dice el marino francés, 618.108 libras, trece sueldos y once dineros, que importan un estado que presenté de los gastos que han causado a la compañía de Saint Malo las expediciones hechas para fundar sus intrusos establecimientos en las islas Malvinas de su S.M. Católica, en esta forma: Cuarenta mil libras que me entregó en París el excelentísimo conde de Fuentes, embajador de su Majestad Católica  en aquella corte, a buena cuenta, de que dí el recibo correspondiente; doscientas mil libras que se me han de entregar en la misma corte de París, según el libramiento que ha dado a mi favor el señor marqués de Zambrano, tesorero general de S.M.Católica, a cargo de don Francisco V. Llovera, su tesorero extraordinario en ella; y 65.625 pesos fuertes y tres cuartas partes de otro que valen las trescientas setenta y ocho mil ciento y ocho libras , trece sueldos y once dineros restantes, al respecto de cinco libras cada peso que he de percibir en Buenos Aires, según las libranzas ques e han entregado expedidas por el excelentísimo señor  Baylio Fr. Don Juan Arriaga, secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias, y Marina de S.M. Católica. Y mediante estos pagos y consiguiente a las órdenes de S:M: Católica  me obligo en toda forma a entregar a la corte de España aquellos establecimientos, con sus familias, casas, obras, maderas y embarcaciones allí construidas y empleadas en la expedición, y finalmente cuanto  perteneciese en ellos a la Compañía de Saint Malo como incluido en la cuenta que se satisface-, y S:M: Cristianísima por la voluntaria cesión que he hecho, declara nula toda reclamación sin que jamás la compañía ni otra persona  que sea interesada tenga que repetir contra el Reala erario de S:M:Católica, ni pedir mas dinero, ni otra recompensa”

 

            Como se ve, gran parte de la indemnización fue pagada en letras entregadas por la Tesorería de Buenos Aires.

            Bougainville, en su libro citado, capítulo II, páginas 52 a 53 dice: “ El comodoro Byron había venido en el mes de enero de 1765 a reconocer las islas Malvinas. Había tocado el oeste de nuestro establecimiento, en un puerto nombrado ya por nosotros : Puerto de la Cruzada, y había tomado posesión de estas islas para la corona de Inglaterra, sin dejar ningún habitante. No fue  sino en 1766 que los ingleses enviaron una colonia a establecerse en el Puerto de la Cruzada, que ellos habían nombrado Puerto Egmont; y el capitán Macbride , comandante de la fragata Jasón, vino a nuestro establecimiento al principio de diciembre del mismo año. El pretendió que estas tierras pertenecían al rey de la Gran Bretaña; amenazó de hacer un desmbarco por lla fuerza si seguía oponiéndole resistencia ; hizo una visita al comandante y se dio a la vela  el mismo día. Tal era, agrega Bouganinville, el estado de las islas Malvinas cuando las entregamos a los españoles, cuyo derecho primitivo se encontraba así corroborado por el que nos daba incontestablemente la primera habitación”.

 

1º Expulsión de los Ingleses

 

            Pero los ingleses seguían establecidos en Puerto Egmont sobre un punto de la costa Sudeste de la pequeña isla Saunders, frente a la isla Keppel  y en el noroeste de la isla Gran Malvina

            El 25 de febrero de 1768 el gobernador de Buenos Aires recibió la siguiente orden: “ Su majestad ordena que no permita establecimientos ingleses y desaloje a la fuerza  a los existentes si no acataran su intimación conforme a la ley”

            El 19 de febrero de 1770 la fragata Santa Catalina, al mando del capitán Fernando de Rubalcava, llegó a Puerto Egmont, donde se encontraba anclada la fragata inglesa Tamar, al mando del  capitán Hunt. Rubalcava se dirigió el 20 de febrero de 1770, por nota a Hunt, diciéndole: “Habiendo entrado por casualidad en este puerto he quedado admirado de encontrar en él una especie de establecimiento bajo bandera inglesa puesta en tierra  y auxiliada  de las embarcaciones  de S.M.B.,ocupando Vm (vuestra merced) en una y otra parte, el empleo de comandante en jefe . Siendo estos dominios de S.M.Católica , este proceder en contra del espíritu de los tratados de paz que privan introducirse en dominio ajeno, contra todo derecho, por lo que es de notar que los vasallos de S.M.B. se atrevan a quebrantar el sagrado de una paz, últimamente establecida, en cuya observancia  S.M.Católica  quita toda queja abligando a sus vasallos  a la mas sincera armonía  tan conforme a su real intención; en cuya inteligencia a Vm. protesto de palabra y por escrito se separe de la usurpación de este puerto y costas , dejando al rey, mi amo, libre sus  dominio, conteniéndome a proceder de otro modo hasta dar parte a S.M.  y recibir órdenes”.

            El inglés contestó así : “ Hago saber a Vm. que estas islas pertenecen a S.M.B. por derecho de descubrimiento y con especial complacencia suya estoy aquí, con instrucciones de protegerlas con todo mi poder y para manifestarlo contra los vasallos de otras potencias haciendo un establecimiento en cualquiera de dichas islas. Por lo que en su nombre aviso y exhorto a Vm. y a todo lo que esté bajo su mando, que las evacúe”

 

Resuenan los cañones de una  guerra olvidada

 

            Volvió Rubalcava a Buenos Aires, y Bucarelli envió una expedición al mando Juan Ignacio de Madariaga, compuesta de 5 fragatas y 1500 hombres.

            Madariaga se presentó en Puerto Egmont en el noroeste de la isla Gran Malvina en pleno invierno austral el 10 de junio de 1770, hizo tronar los cañones y venció a los ingleses, que firmaron una capitulación en virtud de la cual, soldados y demás súbditos británicos debían abandonar la isla. Así lo hicieron , concediéndoseles –y aquí la hidalguía española-que entretanto ello ocurriera  , se mantuviera enarbolado el pabellón inglés, pero dejando la artillería y demás efectos de guerra.(ver Nota Pie)

            La rendición de Puerto Egmont, con todos sus detalles, consta en el oficio del gobernador  Ruiz Puente, incluyendo el parte detallado de Madariaga, lo que puede leerse en el archivo. La correspondencia de Madariaga y lo referente  a la capitulación aparecen en los Staters Papers, publicados en el Annual Register de 1771, volumen 14, séptima edición, Londres 1817.

 

            El efecto producido en Londres cuando se tuvo la noticia, fue terrible. La paz estuvo en peligro; se hicieron grandes preparativos de guerra contra España. Es evidente que la violencia  de las discusiones que se entablaron tenían como base , mas que la soberanía de las islas, el agravio de la expulsión a mano armada de Inglaterra considerada intolerable.

 

 

Nota Pie:

            (Ó,.. los reyes siempre mienten)     

La copiosa correspondencia diplomática existente sobre el acontecimiento, de que da noticia Goebel entro otros autores, demuestra que el entonces monarca inglés, Jorge III, estaba particularmente interesado- como se lo manifestó al embajador  español, Príncipe de Masserano-, en que el estrépito de la  guerra no malquistara  a las cortes de Madrid y Londres, por lo cual hizo el Rey prometer, por medio de Lord North, que una vez desagraviado el pabellón inglés, él mismo procuraría que , de acuerdo a la reserva  del derecho de soberanía formulado por el gobierno español, con respecto a la totalidad de las Malvinas, el establecimiento inglés sería abandonado, manifestando el monarca al plenipotenciario español, que podía tener fe en la hidalguía inglesa, y así fue esta vez, pues, muy luego, el año 1774, fueron impartidas  las órdenes correspondientes por conducto del comandante del transporte Endreavour, que reembarcó a los milicianos de Puerto Egmont con destino a Inglaterra.

            La real promesa no fue hecha pública , al tiempo de las negociaciones  de 1771, a fin de no encrespar a la tenaz oposición formada por buena parte del pueblo y del parlamento inglés a todo avenimiento con España, cubriendo así, con una estratégica combinación, al manto de la realeza  , de las iras populares y, a fin de no incurrir, una vez más, en la serie de incidentes  que se siguieron a la divulgación de la promesa contenida en la carta del rey británico Jorge I a FelipeV de España, en junio de 1725, en la cual se le anunciaba que  como prenda de una duradera paz y justa satisfacción al orgullo español, prometía tomar a su cargo obtener del Parlamento la sanción de la autorización necesaria para retrovertir el peñón de Gibraltar y sus aledaños, tomado por obra de un hábil golpe de mano llevado a cabo durante la llamada guerra de sucesión española.

 

 

                                                                       Senador Nacional Alfredo Palacios

 

Bibliografía:

“Las Islas Malvinas, archipiélago argentino” Dr. A. Palacios. Editorial Claridad, Buenos Aires 1934              

             

 

 

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