BOMBONES MALVINENSES PARA LA RONDA DE AMIGOS  QUE SIGUE AL MISTICO

por Roberto y Martín Alonso

                       

Arribamos a las islas Malvinas a principios de mes y, para nuestra sorpresa, encontramos izada la bandera inglesa. Supongo que la ocupación del lugar acaba de ser noticia en los periódicos ingleses, pero en la zona sur de América este asunto ha producido una gran conmoción. Por el terrible lenguaje utilizado en Buenos Aires, uno pensaría que la gran república tiene la intención de declarar la guerra a Inglaterra.

 

Charles Darwin en una carta a su hermana Caroline, 30 de marzo de 1833

 

 

El Beagle realizó dos visitas a las Malvinas y en ambas atracó en Berkeley Sound, a poca distancia de la isla Soledad, cerca de Port Louis. Iban en representación de las autoridades británicas. Pero, el barco inglés HMS Clio al mando del capitán Onslow había arribado a puerto el 3 de enero anterior y había encontrado a cincuenta argentinos, la mayoría presidiarios amotinados.  Onslow izó la bandera británica en la costa, entregó la bandera argentina al capitán Pinedo y le dijo que se marchara.

            En la isla no existía una autoridad constituida como tal, por lo que se depositó entonces una bandera británica en manos de un irlandés llamado Dickson, a quien se lo puso al mando  de un pintoresco grupo de colonos y gauchos a fin de ordenar las cosas. A bordo del Beagle predominaba un sentimiento de disgusto con respecto a la situación, y a su regreso, un año mas tarde , descubrieron  que un grupo de gauchos e indios se había rebelado y asesinado a Dickson y a otros tres hombres. Un tal teniente Smith actuaba en ese momento de gobernador e intentaba proteger a los trece colonos- que habían huido a la isla de Hog en Berkeley Sound- de los ocho hombres acusados de amotinarse.

            Escribía entonces Darwin “Cuando llegamos encontramos a Smith a cargo de la población, mas de la mitad estaba compuesta por rebeldes y asesinos fugitivos”

            A Darwin le indignaba esa lucha sangrienta por “una tierra de aspecto triste y desolado cubierta por doquier por una capa de turba y hierba fina de un monótono color marrón”  (sic).

 En una carta a su hermana Caroline, diría: “Nuestra economía doméstica hace que las acciones de Inglaterra en el extranjero sean de lo mas deleznables. Que diferencia con la vieja España. Aquí , nosotros, como el perro del hortelano (no come el ni deja comer a su amo); tomamos una isla y dejamos que la proteja la bandera del Reino Unido, el poseedor de la cual ha sido , evidentemente asesinado (sic) abandonaremos este escenario de iniquidad en dos o tres días...”

Sólo el sufrimiento los acogió en aquellas islas. Durante su primera estancia, con anterioridad al derramamiento de sangre que había coincidido con su segunda visita, el grumete del barco, Hellyer, se ahogó en la espesa alfombra de kelpi (especie de alga propia del archipiélago)  en Berkeley  Sound mientras intentaba atrapar un pato al que le había disparado. Según Darwin, “ el señor Hellyer fue enterrado en un cabo lúgubre y solitario”. Durante su visita el naturalista pasó un tiempo en la playa de Port Louis buscando conchas y paseando  por la línea de la ensenada de ambos lados. La desolación era implacable y la tripulación fue autorizada a marcharse el 6 de abril.

            “Este es uno de los lugares más tranquilos en que hemos estado, decía Darwin el 17 de marzo-. Casi todos los barcos han partido y absolutamente nada ha ocurrido en toda la semana”

 

 

 

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